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domingo, 23 de abril de 2017

A esto lo llamamos progreso

 


Por Arundhati Roy

Traducido para el CEPRID por Mar Samos, enero 2013

No sé hasta dónde retroceder en la historia para empezar, así que voy a poner el hito en el pasado reciente. Voy a empezar en los primeros años noventa, poco después de que el capitalismo ganase su guerra contra el comunismo soviético en las montañas inhóspitas de Afganistán. El gobierno de la India, que fue durante muchos años uno de los líderes del movimiento de los no alineados, de repente se convirtió en un país completamente alineado y comenzó a autodenominarse el aliado natural de los EEUU e Israel, y abrió sus mercados protegidos al capital global. La mayoría de la gente habla de las guerras medioambientales pero en el mundo real es muy difícil separar esas guerras de todo lo demás: la guerra contra el terrorismo, por ejemplo; el uranio empobrecido, los misiles, el hecho de que fuese el complejo militar-industrial quien verdaderamente sacó a los EE.UU. de la Gran Depresión y que, desde entonces, las economías de Estados Unidos, de muchos países europeos y ciertamente la de Israel, han tenido intereses en la fabricación de armas. ¿De qué sirven las armas si no se van a utilizar en las guerras? Las armas son absolutamente esenciales, no solo para conseguir el petróleo u otros recursos naturales, sino para el complejo militar-industrial en sí mismo pues para seguir adelante necesitan armas.
 
Hoy, mientras hablamos, los EEUU, y quizás China e India, están inmersos en una guerra por el control de los recursos de África. Miles de soldados estadounidenses así como escuadrones de la muerte están siendo enviados a África. El presidente "Yes We Can" ha extendido la guerra de Afganistán a Pakistán. Allí atacan con aviones no tripulados matando niños como si fuera la cosa más normal.
 
En la década de 1990, cuando la India abrió sus mercados, cuando desmanteló todas las leyes que protegían a los trabajadores, cuando se privatizaron los recursos naturales, cuando ese proceso se puso en marcha, el gobierno de la India abrió dos cerrojos: uno que cerraba los mercados, y otro que bloqueaba una antigua mezquita del siglo XIV, un espacio disputado por hindúes y musulmanes. Para los hindúes era el lugar donde nació Ram, y los musulmanes, por supuesto, lo utilizan como mezquita. Al abrir ese cerrojo, la India puso en marcha una especie de conflicto entre las comunidades mayoritaria y minoritaria, una forma de dividir a la gente constantemente. Encontrar maneras de dividir a la gente es la práctica principal de cualquiera que esté en el poder.
 
La apertura de estos dos cerrojos desató dos tipos de totalitarismos en la India: uno fue el totalitarismo económico y el otro era el fundamentalismo hindú. Estos procesos crearon lo que el gobierno denomina “terrorismo”. Había terroristas islamistas y había lo que hoy el gobierno llama "maoístas", que son cualquier persona que se resiste al proyecto de la civilización, del progreso, del desarrollo. Alguien que se resiste a la desposesión de sus tierras o a la destrucción de los ríos y los bosques, es hoy un maoísta. “Maoístas” son el extremo más militante de un ancho de banda de los movimientos de resistencia que tiene a los “Gandhistas” en el otro extremo del espectro. El tipo de estrategia que la gente adopta para resistir la embestida del capital global es muy a menudo no una opción ideológica sino una elección táctica, dependiendo del paisaje en el que se libran las guerras.
 
Desde 1947, desde que se convirtió en una república soberana, la India viene desplegando su ejército en contra de lo que llama su propio pueblo. Ahora, gradualmente, aquellos Estados donde desplegaron tropas son estados en los que la gente lucha por su libre determinación. Son estados a los que el Estado descolonizado de la India colonizó de inmediato. Actualmente esas tropas están defendiendo los derechos del gobierno para construir grandes embalses y proyectos de energía, para llevar a cabo los procesos de privatización. En los últimos cincuenta años, más de treinta millones de personas han sido desplazadas solo por los grandes embalses en la India. Por supuesto, la mayoría de ellos son indígenas o personas que viven de la tierra.
 
El resultado de veinte años de este tipo de libre-mercado y del fantasma del terrorismo es el vaciamiento de la democracia. Veo un montón de gente que usa el término democracia como una buena palabra, pero en realidad, si lo pensamos, la democracia hoy en día no es lo que era. Hubo un tiempo en que el gobierno estadounidense derribaba democracias en América Latina y en cualquier lugar. Hoy en día desata guerras para implantar la democracia. Se han llevado la democracia al taller y la están vaciando.
 
En la India, cada una de las Instituciones ya sean los tribunales o el Parlamento, o la prensa, han sido vaciadas y puestas al servicio del libre mercado. Hay rituales vacíos para ocultar lo que realmente sucede, y es que la India sigue militarizándose, sigue convirtiéndose en un estado policial. En los últimos veinte años, después de haber abrazado al libre mercado, doscientos cincuenta mil agricultores se han suicidado debido a que fueron encadenados a la deuda. Esto nunca ha sucedido antes en la historia humana. Sin embargo, es obvio que cuando el “establishment” tiene que elegir entre agricultores suicidas y terroristas suicidas, usted ya sabe por cuáles van a apostar. No les importa esa estadística ya que le ayudan; lo lamentan, hacen algo de ruido, pero siguen con lo que están haciendo.
 
Hoy en día la India tiene más habitantes que todos los países más pobres de África juntos. El 80 por ciento de su población vive con menos de veinte rupias al día, lo que es menos de cincuenta centavos al día (menos de cuarenta céntimos de euro). Ese es el contexto en el que los movimientos de resistencia están operando.
 
Por supuesto la India tiene poder mediático -no conozco a ningún otro país con tantos nuevos canales de noticias, todos ellos financiados o propiedad directa de las empresas, incluyendo las mineras y las de infraestructuras. La gran mayoría de las noticias están financiadas por publicidad corporativa, así que pueden imaginar lo que pasa con eso. El primer ministro de la mayor democracia del mundo, Manmohan Singh, que fue más o menos colocado por el FMI, no ha ganado unas elecciones en su vida. Se presentó una vez y las perdió, pero a continuación le pusieron donde está. Él fue quien siendo ministro de finanzas desmanteló todas las leyes y abrió las puertas de la India al capital mundial.
 
En una ocasión yo estaba en una reunión con los trabajadores del hierro, y Manmohan Singh, entonces primer ministro, había sido el líder de la oposición en el Parlamento. Un poeta Hindi leyó un poema titulado "¿Qué hace Manmohan Singh estos días?" cuyas primeras líneas eran: "¿Qué hace Manmohan Singh estos días? ¿Qué hace el veneno una vez dentro del torrente sanguíneo?". Ellos sabían que lo que tuviera que hacer ya estaba hecho y ahora era solo cuestión de que siguiera su curso.
 
En 2005, durante el primer mandato del actual gobierno indio, éste firmó cientos de “Memorandos de Entendimiento” (MOUs) con las empresas mineras, con las empresas de infraestructuras y otras, para la explotación de una gran porción de las tierras boscosas de la India central. Se estima que en la India hay unos cien millones de indígenas y si usted mira un mapa de la India, los minerales, los bosques y la población indígena están todos apilados, una capa sobre otra. Muchos de estos “Memorandos de Entendimiento” se firmaron con estas empresas mineras en el 2005. En ese momento, en el estado de Chhattisgarh, que es donde esta gran guerra civil se está desarrollando ahora, el gobierno reclutó a una milicia tribal, financiada por estas empresas, básicamente para que atravesaran la selva limpiándola de gente con el fin de ejecutar los “Memorandos de Entendimiento”. Los medios de comunicación comenzaron a llamar a esta franja de bosque el "Corredor maoísta." Algunos de nosotros la llamábamos el "Corredor MOUista". Por entonces anunciaron una guerra llamada "Operation Green Hunt". Doscientos mil paramilitares empezaron a entrar en los bosques, junto con la milicia tribal, para limpiarla de lo que el gobierno llamaba Maoístas.
 
El movimiento maoísta, con distintas caras, ha existido en la India desde 1967, año en que se produjo el primer levantamiento. Sucedió en una aldea de Bengala Occidental llamada Naxalbari, por lo que los maoístas son a veces llamados naxalitas. Por supuesto que es un partido clandestino, prohibido. Ahora cuenta con un Ejército Guerrillero Popular de Liberación. Miles de personas han muerto en este conflicto. Hoy en día hay miles de personas en la cárcel, y todos ellos son llamados maoístas, aunque realmente no todos lo son porque, como ya he dicho, hoy en día a quien resiste se le conoce como terrorista. Han hecho equivalentes Pobreza y Terrorismo. En los estados del noreste tenemos leyes como la Ley de Poderes Especiales de las Fuerzas Armadas que permite a los soldados matar ante una sospecha. En toda la India tenemos la Ley de Prevención de Actividades Ilegales que básicamente considera delito pensar en contra del gobierno, lo que puede penarse con hasta siete años de cárcel.
 
Este es el ambiente que se estaba creando, y los medios de comunicación participaban en esta orgía de "maoístas-terroristas." A estos se les confundía con el Lashkar-e- Taiba*, por lo que se les podía ver en la televisión con pasamontañas y AK-47, y la clase media literalmente clamaba venganza. Por entonces yo había escrito un par de artículos sobre el asunto y cuando mencioné a la minería los presentadores de televisión me miraron como si estuviera loca. ¿Cuál era la relación entre guerrilleros “malos” y corporaciones mineras “buenas”? En mi libro “Notas de campo sobre la democracia” hay una parte que trata de cómo el Tribunal Supremo de la India dictó una sentencia dando por imposible acusar a una corporación de mala praxis.
 
En pocas palabras, eso dice.
 
Si nos fijamos en la historia de la lucha por la tierra en la India, lo que es realmente triste es que después de que la India se independizara la reforma agraria fue una de las tareas más importantes en la agenda del nuevo gobierno. Esta fue, por supuesto, pervertida por los políticos, que eran gente de clase alta, propietarios de tierras. Ellos introdujeron tantas salvedades en el ordenamiento jurídico que no hubo redistribución alguna. Por ello, en la década de 1970, poco después del comienzo del movimiento naxalita, cuando los primeros levantamientos, lo que se buscaba era la redistribución de la tierra. El movimiento decía “la tierra para quien la trabaja”. Fue aplastado; enviaron al ejército. El gobierno de la India, que se dice democrático, nunca duda en llamar al ejército. Hoy en día la gente ha olvidado por completo la idea de la redistribución. Ahora la gente está luchando solo para aferrarse a lo poco que tienen. A eso lo llamamos "progreso." El ministro del Interior, según se afirma, quiere al 70 por ciento de la India viviendo en las ciudades, lo que significa que quiere entre 500 y 600 millones de personas desplazándose. ¿Cómo hacer que eso suceda si no es convirtiéndose en un estado militar? ¿Cómo hacer eso si no es construyendo grandes embalses y grandes proyectos térmicos y con energía nuclear?
 
En muchos sentidos, hemos retrocedido. Hasta las políticas más radicales las ponen en práctica personas que tienen el privilegio de poseer la tierra. Hay millones y millones de personas que no tienen tierras, que son personas asalariadas, mal pagadas, viviendo en los márgenes de gigantescas metrópolis que componen la India de hoy. La política sobre la tierra es radical en un sentido, pero en otro ha dejado fuera a los más pobres, porque están fuera de la ecuación. No hablamos ya más de justicia. Ninguno de nosotros lo hace; sólo hablamos de derechos humanos o de supervivencia. No hablamos de redistribución. En Estados Unidos 400 personas poseen más riqueza que la mitad de la población estadounidense. No deberíamos estar diciendo que los ricos paguen impuestos, sino que deberíamos decir “tomemos su dinero y redistribuyámoslo, tomemos sus bienes y redistribuyámoslos”.
 
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Hoy en día, una de las mayores batallas que se libran en la India es por la extracción de bauxita, la principal mena del aluminio, que es esencial para el complejo militar-industrial. Hay bauxita en las montañas de Orissa y Chhattisgarh por valor de cuatro billones de dólares. Son hermosas las montañas de bauxita; son montañas de cumbres planas. La bauxita es una roca porosa y cuando llueve las montañas absorben el agua, son como tanques de agua; dejan que el agua salga por los dedos de sus pies y que riegue las llanuras. Las compañías mineras, que han comprado la bauxita por un pequeño “royalty” al gobierno de la India, ya lo han vendido en el mercado de futuros. Para la población local, la bauxita en la montaña es la fuente de su vida y su futuro, su religión y todo. Para la empresa de aluminio, la montaña es sólo una instalación de almacenamiento barato. Ya está vendida, de manera que la bauxita ha de salir sea pacífica o violentamente.
 
El gobierno indio, la mayor democracia del mundo, tiene la intención de sacar al ejército para que luche en la India central contra los pueblos más pobres del mundo.
 
Mucha de la violencia y la represión del gobierno indio la subcontrata a grupos mafiosos; no siempre actúa como Estado. A menudo, los académicos o los periodistas o estos presentadores idiotas de los estudios de televisión iniciarán un debate basado en la pregunta “¿es la violencia moral o inmoral?” (envíe un sms con su respuesta, ya).
 
Por supuesto, la gente no necesariamente funciona así. Usted puede ser maoísta en el bosque y un Gandhi en la calle. Puede cambiar de identidad dependiendo de lo que más le convenga tácticamente; no es como si tuviésemos que jurar ser esto o lo otro. Algunas personas lo hacen, otras no. Creo que lo que sucede en la India es que hay algo falso en este debate porque está impregnado de una especie de falsa moralidad. Después de todo, si la gente de la clase media apoyara esa lucha -lo que es un oxímoron, no lo harán-, entonces entendería que dijeran que todos deberíamos unirnos y hacer una huelga de hambre. Pero si usted va a alejarse de ese pueblo que ha sido rodeado por un centenar de policías y lo están quemando, entonces es inmoral que ensaye una conferencia para decirles cómo deberían protegerse. Muy a menudo, cuando vemos lo que se hace con las personas, sentimos ira y humillación si no hay respuesta. La gente me pregunta por qué escribo y respondo que es para no ser humillada. Yo no escribo para nada más que para no ser humillada. Cada vez que escribo me digo que no voy a hacerlo más, pero es como que no puedo contenerlo dentro de mi cuerpo; escribo y es un alivio.
 
Como escritora, si sabes algo y lo silencias, es como morir. Entre las diferentes opciones del miedo, sigo prefiriendo escribir a no escribir.
 
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Durante muchos años he estado escribiendo y siguiendo los movimientos de resistencia y de la nueva política económica. Siempre me ha parecido que las posibilidades de llegar a la desesperación son mucho mayores en los hogares de la clase media que en el terreno donde la gente está luchando. La clase media puede elegir entre la esperanza y la desesperación igual que pueden elegir entre champú para cabello seco y para cabello graso; tienen la posibilidad de elegir entre hacer política y hacer diseño (de interiores). Las personas en lucha no tienen elección; están luchando y se concentran y saben lo que están haciendo. Polemizan mucho entre sí, por supuesto, pero eso está bien.
 
Cuando aterricé en Nueva York, una de las primeras cosas que hice fue ir a la ocupación de Wall Street, porque quería ver quiénes eran, de qué se trataba y cómo conectan con las cosas por las que hemos estado luchando y escribiendo. Independientemente de lo que son las diversas tendencias y del hecho de que el movimiento no tiene reivindicaciones y que no tiene líderes identificables, es evidente que hay una conexión entre lo que está pasando en el movimiento Occupy y lo que está sucediendo en la India. Esa conexión es la de la exclusión. Estas son las personas que están excluidas. Claramente no son las 400 familias que poseen más riqueza que la mitad de los estadounidenses. No son los cientos de personas en la India que son dueños del 25 por ciento del PIB de la India.
 
Mientras muchos de nosotros creemos en la revolución y en que el sistema debe ser derribado, ahora mismo, lo menos que se puede pedir para empezar es poner un límite a todo esto. Soy una cappist y una liddite**. Tenemos que decir un par de cosas: una es que ningún individuo puede tener una cantidad ilimitada de riqueza. Ninguna corporación puede tener una cantidad ilimitada de riqueza. Este tipo de participaciones cruzadas en la propiedad de las empresas realmente debe acabar.
 
En la India, Tatas es la mayor multinacional. Son dueños de las minas de hierro, de las plantas de fabricación del acero, de la sal yodada y son los proveedores de televisión. Los que fabrican camiones, subvencionan activistas, lo hacen todo. Hay una empresa de hierro y aluminio llamada Jindal. Tienen minas de hierro, plantas siderúrgicas. El director ejecutivo (en el original, CEO) es miembro del Parlamento. También creó la Fundación de la Bandera Nacional, porque obtuvo el derecho a enarbolar la bandera nacional en su casa. Dirigen una escuela de derecho internacional a las afueras de Delhi, que es como un campus de Stanford, en medio de la miseria más increíble que podamos imaginar. Tienen profesorado que llega de todas partes del mundo cobrando salarios elevados. Ellos financian y promueven a artistas de vanguardia que trabajan con acero inoxidable. Recientemente hicieron un taller de protesta para el cual llegaron en avión activistas a este campus increíblemente elegante donde hicieron poesía de protesta y consignas de protesta. Ellos son dueños de todo, son propietarios de la resistencia, de las minas, del Parlamento, de la bandera, de los periódicos. No dejan que nada se les escape. Estas son algunas cosas simples que tienen que acabar. Berlusconi controla indirectamente el 90 por ciento de los medios de comunicación en Italia, así que ¿qué más da que no sea el Presidente?
 
Es una especie de locura que también podría tener algunas soluciones simples. Por ejemplo, tal vez los niños no deban heredar la riqueza que sus padres amasan. Todos podemos encontrar algunas soluciones simples como ésta, que nos llevarían a direcciones correctas.
 
Notas de la traductora:
 
• * Lashkar-e-Taiba: literalmente, “Ejército de los Puros”, movimiento radical islamista originario de Cachemira. Surgido en Afganistán en 1990. (Fuente Wikipedia)
 
• ** “A cappist and a liddite”, en ingles en el original, adjetivan dos términos “cap” y “lid” que tienen el sentido de poner límite (cap) y poner tapa, techo (lid), a lo que está sucediendo. Lo que no deja claro en el texto es el contenido exacto de su autodefinición.
 
Este texto es la transcripción del discurso pronunciado en la conferencia “La Tierra en Riesgo”, sobre los malos usos de la democracia y el poder revolucionario de la exclusión.
 
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viernes, 22 de abril de 2016

Acercamiento a la actualidad de la Revolución Naxalita en la India



Por
http://katarazan.com/
 
 
La deslocalización de los sectores industriales occidentales provocada por la expansión de las fuerzas productivas capitalistas han convertido las zonas geográficas del sur de China, el Sudeste asiático y el Subcontinente indio en los principales focos de trabajo industrial del mundo. Estamos hablando de una serie de países que en términos de población superan conjuntamente los dos mil millones de personas y donde las capas proletarias y campesinas sobrepasan el 80% del total de la sociedad. De ese 80% se estima que alrededor de un 60% está sumido en la más absoluta miseria a merced de las enfermedades y la muerte con una media de ingresos de menos de medio euro al día. (1)
 
Frente a unos países Occidentales donde el conflicto capital-trabajo se ha desdibujado por la aparición del sector servicios y el Estado del Bienestar estaríamos hablando de una amplia región del mundo que engloba a un tercio de la población mundial con una gran potencialidad revolucionaria. Son países con una alta exportación de productos manufacturados fabricados por enormes masas de mano de obra barata sumida en la explotación y la semi-esclavitud. Extensas zonas de tejido industrial del mundo donde el trabajo forzado y la extracción de plusvalía se pueden identificar exactamente con las descripciones y análisis que hizo Marx del capitalismo en la Inglaterra del siglo XIX.
 
A lo largo de la Guerra Fría ya se pudo vislumbrar la tremenda fuerza de poder obrero que reside en la región y que logró numerosos episodios emancipatorios organizados. Referirnos en primer lugar a la República Popular China, la República Socialista de Vietnam y la República Democrática y Popular de Laos. Tres países que si bien ya no entran dentro de la definición de socialismo al estilo soviético siguen apostando hoy en día por un fuerte reformismo de mercado. En un segundo plano situaríamos al resto de expresiones de lucha obrera materializadas en guerrillas en su mayoría de carácter maoísta que participaron en los procesos de descolonización de sus respectivos países. Malasia, Filipinas, Indonesia, Bangladesh, Sri Lanka o Myanmar son algunos de los ejemplos de procesos revolucionarios que no llegaron a cuajar pero que contribuyeron enormemente a la independencia y a la lucha por las conquistas sociales en la región. Hoy día siguen existiendo restos de estos partidos, movimientos y guerrillas que siguen apostando por la organización obrera y la guerra popular en este foco de poder global pero de momento solo tres están consiguiendo concretar su propuesta revolucionaria. Hablamos del Partido Comunista Filipino (2), el amalgama de Partidos Comunistas de Nepal  con sus virajes reformistas (3) y los Naxalitas en la India.
 
Los Naxalitas llevan librando una batalla contra el Viejo Estado de la India desde la insurgencia de Naxalbari (Bengala Occidental) en 1967. Actualmente quién se eleva como referente político organizado del levantamiento popular es el Partido Comunista de la India (Maoísta), fundado en 2004 fruto de la unión de numerosos movimientos y guerrillas que comparten la causa revolucionaria naxalita. No podemos olvidar la complejidad política por el amalgama de siglas que tiene la cuestión india además de la dificultad de acceso a la información en un territorio tan amplio, diverso y relativamente incomunicado como es Asia meridional. Se estima que en el conflicto bélico participan unas 180 guerrillas entre revolucionarios de inspiración marxista, grupos terroristas reaccionarios o pro-gubernamentales , milicias indígenas y grupos religiosos.
 
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La insurgencia naxalita tiene presencia en 14 de las 28 provincias de la India. El propio gobierno ha reconocido que de 602 distritos hay 182 que están bajo control total de los comunistas en los cuáles no entran ningún tipo de fuerzas del orden del Estado. Aunque sí que es cierto que la mayoría de las provincias donde los Naxalitas tienen presencia responden a un perfil agrario o de grandes extensiones de selva (Andhra Pradesh, Asma, Bengala Occidental, Bihar, Chhattisgarh, Gujarat, Jharkhand, Kerala, Madhya Pradesh, Maharashtra, Orissa,Uttar Pradesh, Uttaranchal y Tamil Nadu) estaríamos hablando de una región de cientos de millones de habitantes donde se está gestando una nueva forma de poder bajo la organización de clase y las tesis del marxismo en su corriente maoísta. En los últimos años la expansión de la idea revolucionaria naxalita está llegando a las zonas puramente industriales en la periferia de las grandes ciudades. En Bombay, Jammu, Nueva Delhi, Pune y Raipur ya existe movimiento organizado que combina las acciones propagandísticas de concienciación con la guerrilla aislada contra los poderes del Estado.
 
La estrategia del PCI(M) ha estado marcada por la acumulación de fuerzas en el Ejército Popular Guerrillero (EPG), su brazo militar,  con el desarrollo de la lucha armada y la luchas de dos líneas frente a la burguesía por un lado, y las posibles derivas reformistas y revisionistas del Partido por otro. De todas formas la participación de grupos no marxistas en el EPG es habitual, así como la presencia de numerosos miembros de capas sociales no estrictamente proletarias u obreras como el campesinado; la pequeña-mediana burguesía, el estudiantado e incluso grupos religiosos. Todos ellos, eso sí, deben responder a la bandera del pensamiento Mao Tse-Tung y tener voluntad de combatir el orden de clases y el sistema de castas. A raíz de esta doctrina se han producido numerosos enfrentamientos armados entre el EPG y representantes políticos del Frente de Izquierdas, coalición liderada por el Partido Comunista de la India originario que como tantos otros sufrieron una clara derechización en la segunda mitad del siglo XX, sustituyendo la organización popular por el electoralismo.
 
La izquierda moderada parlamentaria de la India ha lanzado y criminalizado la insurgencia naxalita en numerosas ocasiones por su actitud radical violenta hacia las fuerzas socialdemócratas del país. Los Naxalitas, por su parte, consideran al Frente de Izquierdas tan nocivo como los propios poderes de la burguesía ya que  consideran que engañan al pueblo trabajador indio bajo la bandera del falso marxismo. Un ejemplo de las acusaciones de los Naxalitas está en el apoyo del Frente de Izquierdas a las Zonas Económicas Especiales.
 
Precisamente es en las Zonas Económicas Especiales donde se ha situado uno de los focos principales de lucha obrera y campesina de la India  en los últimos diez años. Estaríamos hablando de extensas áreas de territorio con un carácter tributario especial donde las empresas, casi en su totalidad extranjeras, disfrutan de privilegios fiscales y económicos lejos de la regulación de un Estado que pueda garantizar derechos laborales o sociales. El gobierno indio prevé aumentar exponencialmente la productividad y atraer empresas y capitales a través de estas medidas que favorecen la explotación de su propio pueblo. El PCI(M), al contrario que  el Frente de Izquierdas parlamentario, se ha opuesto de manera tajante a estas políticas que legitiman la opresión de la clase trabajadora india.
 
Pese al esfuerzo contrarrevolucionario de los poderes del actual Estado burgués de la India, tanto en su forma fascista como en su forma reformista, los Naxalitas siguen hoy día avanzando posiciones por todo el país construyendo un edificio revolucionario de amplias y fuertes bases. La propia CIA está viendo como el grupo terrorista paramilitar Salwa Judum que creó hacia 2005 está fracasando y retirando posiciones de muchos de los territorios donde la conciencia obrera avanza firme. Las actividades terroristas unidas a las fuertes campañas propagandísticas han desembocado en un permanente Estado policial en las regiones colindantes al conflicto por miedo del gobierno a la pérdida de más territorio.
 
Veremos en un futuro si las aspiraciones revolucionarias de los Naxalitas se materializan en algún tipo de Estado obrero o socialista (si no la India al completo una parte de sus regiones), o por el contrario acaban en intento frustrado como tantas otras experiencias guerrilleras del Sudeste asiático.
 
Arturo César Fernández-Le Gal
@ACF_LEGAL
 
Anexos
 
(2) José María Sisón, Fundador, Presidente del Partido Comunista de las Filipinas.Fragmentos de su discurso en el foro auspiciado por la Asociación de Estudiantes Iraníes el 21 de Febrero de 1995, en Utrecht, Los Países Bajos http://fusilablealamanecer.blogspot.com.es/2014/01/la-revolucion-en-filipinas-y-la-vuelta.html, http://revolucioncultural-p.blogspot.com.es/2012/09/reportaje-de-una-guerra-popular-partido.html 
 
 
Sitios de interés (recomendación del vídeo a continuación):

Charla: “la insurrección en la India, una revolución silenciada”:



http://katarazan.com/acercamiento-a-la-actualidad-de-la-revolucion-naxalita-en-la-india/

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miércoles, 3 de febrero de 2016

Las protestas se extienden en India tras el presunto suicidio de un joven ‘intocable’, la casta social más oprimida

Rohith Vemula

Rohith Vemula , de 26 años, era un estudiante de doctorado en la Universidad Central de Hyderabad, en el sur de India. Pertenecía a la casta social más oprimida en la India, los llamados dalit o "intocables". Por ello había sufrido todo tipo de abusos y discriminaciones. El domingo 17 de enero, su cuerpo fue encontrado colgado en una residencia del campus. La versión oficial dice que se suicido pero su familia sospecha que lo mataron.
 
Se cree que se suicidó porque las rivalidades políticas con otro grupo de estudiantes habían desencadenado su expulsión del dormitorio y la suspensión de su beca. Rohith era dalit, de las castas excluidas, antes conocidas como intocables. Junto con otros cuatro estudiantes también dalits y miembros de la Asociación de Estudiantes de Ambedkar había sido acusado en agosto de atacar a un líder del rival ABVP, el ala estudiantil del BJP, partido nacionalista hinduista, actualmente en el Gobierno. Aunque esta acusación estaba siendo investigada, desde julio las becas de 25.000 rupias (350 euros) están en suspenso. En septiembre fueron expulsados de sus habitaciones en la Universidad y en diciembre se ratificó la orden.
 
El suicidio del joven dalit desató protestas masivas en varias partes del país, además de Hyderabad, en Delhi, Bombay, Pune y Chennai. En el Parlamento, el opositor partido del Congreso asegura que ministros del BJP interfirieron para que los estudiantes fueran castigados. El BJP niega que hayan presionado a las autoridades universitarias y acusa a sus opositores de politizar el tema.
 
Cinco días después del suicidio, el viernes pasado, el primer ministro Narendra Modi rompió su silencio. Los medios de comunicación y la familia lo consideraron demasiado tarde. “La madre India ha perdido a un hijo. Puedo sentir el dolor”, dijo. En varias ocasiones citó a Bhimrao Ramji Ambedkar, el símbolo de los dalits, un reformador social que luchó contra la discriminación social de los intocables. “Empápate de educación, organiza y acepta la lucha”, parafraseó.
 
En su informe, un equipo de investigación recalca la necesidad de mayor inclusión de los estudiantes con desventajas sociales, educacionales y económicas. También dice que las autoridades de la Universidad pudieron haber mostrado más sensibilidad.
 
Los 180 millones de dalits que hay en el país sufren discriminación, pobreza y menos oportunidades, según apuntan los especialistas. Sukhadeo Thorat, uno de los más reconocidos dalits y director del reconocido Consejo Indio para la Investigación de las Ciencias Sociales asegura en una entrevista para Scroll, que el suicidio de Vemula es el resultado del ambiente social que persiste en el sistema universitario, donde las castas inferiores son discriminadas y excluidas.
 
Asegura Thorat que, como hay un sistema de cuotas para las castas bajas, son vistos como inferiores. Los dalits “desarrollan complejo de inferioridad y se vuelven introvertidos. Si esto lleva a un peor rendimiento académico y la administración no les apoya, se puede convertir en una situación que algunos alumnos podrían no soportar y suicidarse”. Thorat explica que, como Rohith Vemula, la gran mayoría de los estudiantes que se quitan la vida son pobres. Al tener acceso a la educación, se convierten en la gran esperanza de su familia y que fracasar es un gran desastre para ellos, señala. Otros ocho universitarios dalits se han quitado la vida en la última década, según el presidente de la Unión de estudiantes, Zuhail KP, citado por el diario Times of India.
 
En diciembre pasado, Rohit había escrito una carta sarcástica al rector, en la que pedía que les facilitaran la eutanasia a los estudiantes dalits por las desventajas que sufren. No había recibido respuesta. “Desde entonces tenía miedo de preguntar por el dinero de su beca. Se había vuelto silencioso e introvertido. Decía que estaba cayendo en una depresión porque estaba siendo vencido por el sistema a cada paso. Se culpaba a sí mismo, a su casta y a sus circunstancias”, aseguro una amiga cercana al periódico The Indian Express.
 
Aunque la Universidad Central de Hyderabad ha revocado la expulsión de los otros cuatro estudiantes y ha asegurado que la beca no había llegado desde julio por problemas de papeleo, las protestas siguen. Un grupo de estudiantes se mantienen en huelga de hambre indefinida. Piden el cese de los ministros que supuestamente intervinieron para castigar a los alumnos por motivos políticos, así como del rector de la Universidad, que ha tomado una licencia indefinida. En solidaridad con los estudiantes, 15 trabajadores de castas bajas del campus han dejado sus puestos. En Bombay, este domingo, una decena de personas resultaron heridas cuando una manifestación de estudiantes dalits fue atacada por supuestos fundamentalistas.
 
La familia de Vemula ha rechazado la compensación por lo equivalente a 11.200 euros que la Universidad les ofrecía. “Queremos saber por qué murió. ¿Lo mataron o se murió? ¿Por qué lo suspendieron? Los responsables deben ser arrestados y castigados. Eso es lo único que queremos”, aseguró su hermana a los medios. El suicidio de Vemula ha indignado a parte de la sociedad India al recordarle la discriminación del sistema de castas.
 
En Mumbai se realizo una gran manifestación para pedir justicia por la muerte de Rohith Vemula. A continuación un video de tal manifestación.


 

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domingo, 3 de enero de 2016

La lucha de las mujeres que se enfrentaron a una multinacional y ganaron


Este es el relato de una revuelta extraordinaria, un movimiento de 6000 trabajadoras de un nivel educativo muy bajo que se enfrentaron a una de las empresas más poderosas del planeta. En un país azotado por el machismo, desafiaron el mundo de los sindicatos y los partidos políticos, dominado por hombres, negándose a dejar que los hombres se hicieran con las riendas de su lucha. Y lo que es más: ganaron.
 
Es muy posible que usted haya disfrutado del fruto de su trabajo. Estas mujeres son recolectoras de té en el hermoso Estado de Kerala, en el sur de India. Trabajan para una gigantesca compañía de plantaciones, Kanan Devan Hills Plantations, que en parte es propiedad y en gran medida está controlada por la multinacional india Tata, propietaria de Tetley Tea. La chispa que desencadenó la protesta fue una decisión de anular la bonificación pagada a las recolectoras de té, pero las raíces del conflicto son mucho más profundas.
 
Ellas solas
 
Los y las trabajadoras del té en India no reciben un trato digno. Cuando investigué el sector en Assam el mes pasado, observé que las condiciones de vida y de trabajo eran tan malas, y los salarios tan bajos, que las trabajadoras del té y sus familias sufrían desnutrición y estaban expuestas a enfermedades mortales. Parece que la situación en Kerala no es muy distinta. Parte de las quejas de las mujeres es que viven en cabañas de una sola cama sin aseo ni otros equipamientos básicos, y aunque ganan significativamente más que sus colegas de Assam, dicen que las 230 rupias (equivalentes a 3,50 dólares) que perciben de jornal es la mitad de lo que ganaría un jornalero en Kerala.
 
Cuando a comienzos de septiembre las mujeres en Kerala reclamaron que se reinstaurara la bonificación –junto con una subida del jornal y una mejora de las condiciones de vida–, no solo desafiaron a la empresa que las emplea, sino también a los sindicatos que se supone que las representan. Las trabajadoras dicen que los líderes sindicales, hombres, están conchabados con la dirección de la empresa, negando a las mujeres sus derechos y asegurándose los mejores puestos para ellos mismos.
 
Cuando se hundieron los precios del té hace unos años y algunos terratenientes abandonaron sus plantaciones, según las mujeres, los líderes sindicales siempre se las arreglaron para mantener sus empleos. También dicen que los sindicatos no han hecho lo suficiente para conseguir que sus maridos dejen de gastarse sus ingresos en bebida sin velar por la educación de sus hijos ni atender a las necesidades sanitarias de sus familias. Y demostraron que podían lanzar una protesta efectiva sin ayuda de los sindicatos.
 
“Mujeres unidas”
 
Cuando 6 000 mujeres ocuparon la carretera principal que conduce a la sede central de la compañía propietaria de la plantación, la manifestación fue organizada por ellas mismas, que en su mayoría no tienen antecedentes de activismo sindical. Se llamaron a sí mismas “Pempilai Orumai”, o Mujeres unidas. En otra acción, las mujeres sitiaron el Munnar, uno de los destinos turísticos más populares de Kerala. El comercio y el turismo quedaron casi totalmente paralizados. Muchas de las consignas se dirigían abiertamente a los dirigentes sindicales. “Recolectamos el té y llevamos los sacos a hombros, mientras vosotros os lleváis las bolsas con el dinero”, decía una pancarta. “Nosotras vivimos en cabañas de hojalata, vosotros tenéis bungalós”, rezaba otra.
 
Cuando los dirigentes sindicales, hombres, trataron de unirse a la manifestación, los echaron de allí. Las mujeres atacaron a un ex dirigente sindical con sus sandalias. El hombre tuvo que ser rescatado por la policía. En otro incidente, las manifestantes arrancaron los mástiles situados en el exterior del edificio de los sindicatos. Asimismo, ahuyentaron a políticos locales que querían fotografiarse ofreciéndoles su apoyo. Las mujeres insistieron en que continuarían con sus protestas hasta que se vieran satisfechas sus demandas.
 
Al principio la empresa se mostró desafiante, pero después de nueve días de protestas y negociaciones maratonianas, supervisadas por el primer ministro del Estado, cedió. Fue una victoria sensacional: un grupo de mujeres semianalfabetas se habían enfrentado a uno de los intereses más poderosos del Estado… y ganaron. Las mujeres habían representado a la mano de obra en las conversaciones y forzado a la dirección a aceptar su reivindicación de restablecer la bonificación del 20%. Mientras, los dirigentes sindicales, hombres, tuvieron que tragarse su orgullo y firmar el acuerdo negociado por las mujeres.
 
Nada que perder
 
Pero la batalla todavía no ha terminado. La cuestión del aumento salarial ha de negociarse separadamente y cuando no se satisfizo la demanda de las mujeres de incrementar los salarios, los sindicatos lanzaron una campaña indefinida para reivindicar un aumento de los jornales de 232 rupias a 500 rupias. En parte, esto era un intento de recuperar la iniciativa tras el éxito de la lucha de las mujeres. Estas han rechazado formar parte del esfuerzo de los sindicatos y han lanzado su propia demanda independiente de un aumento salarial.
 
A comienzos de octubre, algunos activistas sindicales masculinos atacaron supuestamente una manifestación de mujeres, lanzando piedras. Seis personas sufrieron heridas de menor consideración. Pero las mujeres siguen decididas a continuar. “No tenemos nada que perder”, dice Lissy Sunny, una de las dirigentes de Pempilai Orumai, en declaraciones a la web de noticias india Catch. “El hambre y el sufrimiento forman parte de nuestra vida. No nos preocupamos incluso si morimos de hambre. Pero no dejaremos que nadie nos explote. ¡Basta ya!”

 
Justin Rowlatt es corresponsal de la BBC en el sur de Asia.
 
 
Más información:
 
 
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domingo, 6 de diciembre de 2015

Los dalits (oprimidos), victimas de un sistema criminal de opresión basado en las castas

Golu, un niño dalit en uno de los suburbios de Varanasi (India).


Golu se levanta cada día sin despertador. No tiene, ni siquiera sabe lo que es. Pero lo que sí sabe es que, antes de salir el sol, debe abrir los ojos y salir a las calles para recoger basura. Se frota los ojos, agarra su saco, lo apoya en su hombro y empieza a caminar. Vive en Varanasi, la ciudad sagrada del hinduismo, en India. Le rodean templos, los primeros cánticos, bolsas de plástico, vacas, insectos y algunas cabras. Prefiere salir a esa hora, cuando las calles están repletas de objetos que puede reciclar y vender y la muchedumbre todavía le permite transitar con más espacio. Pero, sea a la hora que sea, cuando deambula en busca de desechos es como si no existiera, nadie le dirige la mirada. Se torna invisible y es considerado “impuro” por estar en contacto con la suciedad. Así lo afirman las personas indias de casta superior, traduciéndolo al despiadado vocablo “intocable” en referencia a que se evita el acto de tocarlos para no perder su grado de pureza.

Los excluidos se denominan dalits (oprimidos, en hindi) para reflejar la discriminación y sometimiento del que son víctimas. A pesar de su lucha constante desde los años veinte, que llevó a la supuesta abolición de este sistema de clases en 1950, a día de hoy sigue vigente y nunca se suprimió el estigma en la vida real y unas 200 millones de personas en todo el país son consideradas intocables.

La discriminación acarrea todo tipo de agresiones, siendo repudiados, insultados y expulsados de lugares públicos. Según Human Rights Watch, cada año son registrados en India más de 100.000 casos de violaciones, asesinatos y otras atrocidades contra los dalits, muchas de ellas cometidas por la propia policía y sustentadas por los latifundistas y las autoridades locales.

Unicef cifra en 15 millones los niños y niñas dalits que trabajan en condiciones de semiesclavitud por míseros salarios en la India. Más de la mitad de ellos son intocables, lo que significa que no pueden terminar la educación primaria debido, en parte, a que son humillados por sus maestros y maestras.

Golu regresa todos los días a las 10 de la mañana con la bolsa llena y su estómago vacío en busca de algo de pan para desayunar. Comerá si hay suerte y hay algo para cocinar; si no, deberá esperar a la hora de almorzar para ingerir el único alimento del día. No le importa comer siempre lo mismo.

Le llaman Golu (regordete, en hindi), aunque se trata de un mote que le quedó cuando era pequeño. Durante los pocos meses en que tuvo oportunidad de ir a la escuela (ahora, a sus 12 años de edad, ya es considerado un adulto), le asignaron el nombre de Sameer, pero a él no le gusta y, fuera del aula, le cuesta responder a ese alias. En realidad, no tiene nombre. Tampoco posee registro de nacimiento, como la mayoría de niños y niñas dalit, por lo que muchas y muchos de ellos son secuestrados o vendidos a cambio de dinero. La trata de personas, la prostitución, la venta de órganos o los niños soldado son algunas de las consecuencias sufridas por algunos, a menudo escondidos bajo la falsa apariencia de trabajo doméstico infantil.

El tráfico de niños ha alcanzado dimensiones alarmantes y cada año mueve unos beneficios de más de 30.000 millones de dólares. En los últimos 30 años, más de 30 millones de mujeres, niñas y niños han sido víctimas de este grave problema en Asia, con el único propósito de explotación sexual, según Unicef. Todo menor que no haya sido inscrito en el Registro Civil es considerado un apátrida. No hay prueba alguna ni de su edad, ni de su origen, ni tan siquiera de su existencia. El niño pasa a ser un incorpóreo ante los ojos de la sociedad y una presa fácil para todo traficante.
 
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sábado, 1 de agosto de 2015

Millones de mujeres y niñas de las clases oprimidas, víctimas de redes de tráfico y prostitución en la India

La India es uno de los países del mundo donde la mujer sufre mayor opresión y violencia. Es así mismo uno de los países donde se registran más violaciones y agresiones sexuales contra las mujeres. Pero esta violencia contra la mujer india no afecta, ni mucho menos, a todas clases sociales por igual.
 
La violencia y la opresión de la mujer en la India tiene un marcado carácter de clase ya que se ceba sobre todo en las clases sociales pobres y explotadas. Esta violencia contra la mujer oprimida esta así mismo unida al carácter altamente reaccionario y marcadamente opresor de India, país donde las distintas clases sociales y castas presentan abismales diferencias.
 
Millones de mujeres y niñas son víctimas de las redes del tráfico de personas en la India que las condenan a la prostitución, convenciéndolas incluso de que ese es su destino y así ayudan a sus familias, en una sociedad que estigmatiza a las mujeres como una carga.
 
 Varias mujeres jóvenes se asoman al balcón de uno de los burdeles situados en GB Road, en la parte de la ciudad antigua en Nueva Delhi.
 
En la India hay, según datos de la ONG Apne Aap, 3 millones de mujeres y niñas víctimas del tráfico de personas y obligadas a ejercer la prostitución, de las que 1,3 millones son forzadas por primera vez cuando alcanzan la franja de edad entre 9 y 13 años.
 
En un informe anual sobre tráfico humano, publicado ayer 30 de julio, se señala que el tráfico de personas "continúa aumentando" en la India y que miles de agencias de trabajo ilegales siguen engañando a adultos y niños convirtiéndolos en trabajadores forzados y sexuales.
 
Jasneet Kaur, abogada de Apne Aap, explicó a Efe que existen diferentes formas de tráfico de personas obligadas a ejercer la prostitución en la India, dependiendo de si son captadas para prostíbulos o si son forzadas por las familias que las compran.
 
"Una familia vende a su hija para que se case, lo que ya supone un intercambio económico por una persona, y después de que tenga su primer hijo, es obligada a prostituirse por la familia de su marido para pagar la deuda contraída", relató Kaur.
 
En los matrimonios en la India, la familia de la novia debe pagar a la del novio una dote, una práctica prohibida por ley pero socialmente aceptada. Sin embargo, en los casos de tráfico de personas, el dinero va en sentido contrario.
 
En ciudades como Delhi, Bombay o Calcuta, cuyo distrito de Sonagachi es considerado la mayor zona de prostitución de Asia, hay áreas llenas de burdeles.
 
En la calle GB Road, en la parte antigua de la capital India, el tráfico incesante, la suciedad acumulada y el ruido de bocinas se mezclan con burdeles ilegales donde cientos de mujeres son obligadas a vender su cuerpo.
 
"El número 64 es el mejor. Chicas guapas y baratas. Puedes tener sexo con la luz encendida para verles la cara", ofrece al oído un joven señalando los balcones de los pisos superiores donde las prostitutas saludan tras las rejas de las ventanas.
 
Organizaciones como Rescue Foundation trabajan junto con la Policía en operaciones contra los locales para rescatar a las mujeres y darles una segunda oportunidad en una vida que se les negó cuando apenas eran unas niñas.
 
"A las víctimas les han lavado el cerebro y consideran que ser carne de tráfico sexual es su destino ya que no hay nadie que las ayude desde fuera. Han perdido la fe en la humanidad", explicó a Efe la presidenta de la ONG Rescue Foundation, Triveni Acharya.
 
Después de sacarlas de los burdeles, las chicas son enviadas a casas de acogida donde son ayudadas para volver a la sociedad o a volver a sus países de origen en el caso de las no indias.
 
Y es que, a pesar de que el 90 % del tráfico de mujeres para fines sexuales es interno en la India, hay chicas de Bangladesh, Nepal, Bután o Myanmar, aseguró Acharya.
 
La frontera norte entre el estado indio de Bihar y Nepal "es muy porosa y hay mucho tráfico entre ambos países", confirmó la abogada de Apne Aap, señalando que "incluso compran bebés nepalíes para que cuando crezcan se prostituyan y ganar dinero para la familia".
 
Kaur señaló que "una familia con más de una hija proporciona un matrimonio normal a una de ellas y las demás serán mandadas por el padre para prostituirse en favor de la familia".
 
Las castas más bajas y las minorías religiosas son las más vulnerables a este delito.
 
Es el caso de Fatima Khatoon, de 29 años, originaria de Nepal y que fue comprada como esposa por una familia india de Bihar cuando tenía nueve años, víctima del tráfico de personas.
 
En esta comunidad, las hijas de las mujeres obtenidas a través de la trata de blanca son obligadas a prostituirse por la familia del marido que las compró para recuperar el montante del pago de su adquisición.
 
"Desde que con 12 años tuve a mi primera hija he luchado contra todo esto para que ella no se prostituya", explicó a Efe Khatoon, que fue asesorada por Apne Aap.
 
Ella cambió una idea que para muchas está grabada en su cabeza como lo más natural.
 
"Tienen el cerebro lavado y piensan que están haciendo algo bueno por su familia, que si no ellos morirán de hambre. Es muy difícil desafiar las creencias de alguien que piensa que eso es lo correcto durante toda su vida", sentenció la abogada de Apne Aap.
 
Hoy en la India se desarrolla una poderosa Guerra Popular protagonizada por las clases populares y dirigida por un autentico Partido Comunista, el PCI (Maoísta), que tiene entre sus principales objetivos la liberación de la mujer como parte de la liberación de todas las clases populares. Dicha Guerra Popular en la mayor esperanza para las mujeres pobres de la India y el Mundo, y es un deber que las mujeres y oprimidos de todo el mundo la apoyen.
 
 
Ver Resolución del IX Congreso del PC de la India (Maoísta) sobre la Violencia del Estado Contra las Mujeres en este enlace:
 
 
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lunes, 27 de octubre de 2014

La cara más oscura de la India


[Nota de ODC: parece que actualmente algunos en la izquierda ven en el BRIC y el bloque liderado por Rusia y China una esperanza de un mundo mejor. Sin embargo que dicho bloque represente un cierto contrapeso y freno al principal bloque criminal imperialista, el representado por EEUU y la U.E, no quiere decir ni mucho menos que sea una alternativa para un mundo más justo y equitativo. Prueba de ello es que un destacado país integrante del BRIC como es la India es uno de los países con mas pobreza, opresión y desigualdad en el mundo, un autentico "paraíso" de injusticia y desigualdad, con un sistema social basado en castas y donde el 90 por cierto de la población vive en la pobreza. Otro de los integrantes del BRIC es Sudáfrica donde no hace mucho se produjeron matanzas de mineros negros por reclamar mejoras laborales. Podemos entender que Cuba, Venezuela, Bolivia y otros países pobres vean en el BRIC una cierta protección y esperanza de romper el bloqueo y asedio a que los someten los criminales imperialistas yanqui-europeos pero no podemos entender que gentes que se reclaman comunistas y de izquierdas vean en el BRIC la esperanza de un mundo mejor, cuando a lo más es una variante de capitalismo en disputa con el bloque hegemónico occidental. Que no nos cuenten películas con bastante cinismo y nos manipulen determinados intelectuales con falsas esperanzas en falsos paraísos.]

Autor: Txente Rekondo

La mayor parte de los análisis en torno a India coinciden en señalar el auge de este gigante asiático, que juntó a otras potencias emergentes configuran el llamado BRIC, y que disputan a EEUU el actual dominio global. Sin embargo, son muchos los informes que a la hora de situar a India en esta nueva coyuntura, coinciden en señalar las importantes carencias de este país.
 
La fotografía actual nos muestra un aumento del número de multimillonarios, cifras que podrían doblarse para el 2023, junto al auge de los millonarios, en un 66% dentro de cuatro años. Y juntó a ello, observamos cómo tan sólo el 32% de la población rural dispone de wc, de hecho la mitad de la población mundial que a día de hoy hace sus "defecaciones al aire libre", reside en India.
 
A ello también hay que unir todo un abanico de importantes carencias sanitarias y a la presencia de un 56% de la población que carece de los medios necesarios para lograr asegurar sus necesidades básicas. 680 millones de personas experimentan la privación de sus necesidades básicas, con cientos de millones viviendo por debajo de las líneas oficiales de la pobreza.
 
Esta cara oscura trae aparejada una ligazón directa con el sistema de castas, que ha su vez sustenta también toda una serie de realidades discriminatorias para sectores femeninos, religiosos o étnicos.
 
El proceso de construcción de la India moderna tiene unas importantes carencias que han lastrado su posterior configuración. A pesar de los intentos de las elites políticas por aglutinar en torno a la idea de "India" a la población, ésta sigue más ligada a realidades e identidades marcadas por diferencias regionales, de casta o lingüísticas. Los representantes de esas élites se han valido del "nacionalismo indio" para asentar sus propios intereses.
 
Tanto el Partido del Congreso como el BJP, representan modelos elitistas y no muestran ningún interés en hablar del sistema de castas que continúa protagonizando buena parte de la vida del país.
 
A pesar de los argumentos de las citadas élites, que repiten una y otra vez la desaparición del sistema de castas (el gobierno prohibió la "intocabilidad"), la realidad es muy diferente. La discriminación basada en el sistema de castas es el soporte de buena parte del sistema de injusticias actual y sobre todo de la discriminación de género y el feudalismo clasista que impera en India.
 
La situación en las zonas rurales del país es un claro ejemplo. Los altos índices de pobreza (98% de los llamados intocables o dalits viven en la pobreza) aumentan año tras año "gracias" a un sistema de castas que perpetúa la pobreza en sí misma e impide el acceso a nuevas oportunidades a los estratos más bajos del sistema.
 
Pero esta realidad no se limita al campo indio. También en el ámbito urbano ha logrado mantener sus influencias en el día a día. Así, en los últimos tiempos, en ciudades como Mumbai o Gujarat, se han construido zonas de apartamentos basadas en el sistema de castas, y algunos analistas locales denuncian que el acceso a la vivienda, en algunos lugares, se está "caracterizando por la pertenencia a una religión, un grupo étnico o una casta determinada".
 
Otro síntoma evidente se refleja en los anuncios de matrimonio. En India, el sistema de "matrimonios convenidos" ha aumentado en los últimos años, y sus anuncios en la prensa local también ha experimentado un importante auge. Según esas mismas fuentes, hasta cerca del 75% de los citados anuncios traen una mención explícita a la casta.
 
Racismo, deficiencias sanitarias, problemas de salud y medioambiente, son otros aspectos que a día de hoy guardan relación directa con este sistema de castas que algunos siguen defendiendo que "oficialmente" ha desaparecido.
 
En la actualidad en India confluyen los intereses de importantes y poderosos sectores que apuestan claramente por el de un sistema de casta y religión que permite acentuar las tensiones y las desigualdades sociales y económicas.
 
En torno a ello algunos han creado un círculo perverso. Minorías musulmanas o miembros de las castas más bajas hindúes sufren las consecuencias del sistema, y tienden a ofrecer las tasas más altas de pobreza, marginación, exclusión social y desempleo.
 
En ocasiones los sectores más jóvenes de esos colectivos, ante la carencia de oportunidades, acaban organizándose en bandas, que a su vez son el objetivo de una prensa controlada por las clases altas, y de operaciones policiales donde las víctimas civiles e inocentes suelen ser elevadas.
 
La corrupción que afecta a importantes sectores de las fuerzas de seguridad también se une a ese complejo escenario, juntó a la cada vez más extendida política de " tirar a matar" de la policía.
 
Con más de ochenta millones de desempleados y 250 millones de jóvenes subempleados, el descontento y los enfrentamientos entre los sectores juveniles y empobrecidos de la sociedad y el estado están también aumentando.
 
Las desigualdades de género y la violencia contra las mujeres también caracterizan la situación actual del país. La "mayor democracia" del mundo apenas cuenta con algo más de un diez por ciento de mujeres en el Parlamento, muy por debajo del promedio mundial (21,8%). Las tasas de alfabetización de la mujer es de 66% , frente al 80% de los hombres.
 
Las alteraciones impuestas por el sistema colonial y la introducción de la producción capitalista también ha contribuido al deterioro de la situación de la mujer en India. El papel femenino se ha querido ir limitando en amplias capas de la sociedad india a la esfera doméstica, y con una función reproductora encaminada a incrementar la producción en un sistema dominado y controlado por los hombres.
 
La mano de obra femenina se concentra en el sector primario y en los trabajos no cualificados y marginales, buena parte de los mismos se concentran en zonas rurales.

Pero la discriminación de las zonas rurales también se hace evidente en el ámbito urbano. A pesar de que las mujeres son las mayores contribuidoras en términos de producción económica, su contribución permanece invisible, en parte a la desigual distribución en los diferentes tipos de empleos.
 
Servicio doméstico, producción del tradicional cigarro indio, beedi, y fábricas textiles, ocupan buena parte de esa enorme fuerza de trabajo femenina, cuya contribución pasa desapercibida intencionadamente. A ello también se une la ocultación del, trabajo doméstico y no pagado de esas trabajadoras, que habitualmente se presenta como labor de las "esposas".
 
La violencia contra las mujeres también caracteriza la actual situación de dominio en el país. Si hace unos meses el ataque sexual contra una joven en Delhi saltó a los medios locales e internacionales, la gravedad de la situación supera con creces ese caso.
 
La violencia sexual contra la mujer se ha convertido en una cruel y salvaje realizada diaria para importantes sectores femeninos del país. Y aquí también los sectores femeninos más empobrecidos son los que sufren esa realidad, y en la mayor parte de las veces bajo el cómplice silencio de las elites sociales, religiosos o mediáticas.
 
El sistema político, social y religioso que sustenta esas desigualdades difícilmente puede solventarse a través de las reformas que preconizan algunas de las élites políticas del país. Por eso, son cada vez más las voces que reclaman una profunda revolución para cambiar el rumbo de la India actual.
 
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El país que asesina a las mujeres por la dote y aborta a las niñas
 
Una mujer muere cada hora a manos de su marido o familia política por no pagar suficiente dote matrimonial en la India. En la tercera economía asiática, la prosperidad material ha acentuado estos asesinatos. El nuevo consumismo ha disparado la demanda de dinero, joyas, oro, casas o coches a entregar al novio. Uno de los métodos más recurrentes para matar a mujeres que no pagan lo requerido, sin embargo, es medieval: prender fuego a la esposa.
 
El sari, esa colorida prenda, es una trampa mortal. Arde rápido y con cinco metros de tela a su alrededor las mujeres no tienen tiempo de librarse del fuego. El marido suele declarar que su esposa sufrió un accidente mientras cocinaba. Después, busca otra mujer con la que casarse, una que ofrezca mejor dote. En la India, la combinación de tradición y modernidad conspira contra las mujeres.
Los últimos datos del Buró Nacional de Registro de Crímenes de la India indican que 8.233 mujeres fueron asesinadas en 2012 por la dote, un descenso respecto a las 8.618 muertes de 2011. Pero suponen un 3% más que hace cinco años. Asimismo, los casos de tortura han crecido un 5,4% respecto al año anterior: han pasado de 99.135 a 106.527.
Los activistas advierten de que el número de muertes y malos tratos por dote es mucho más alto, ya que generalmente los padres no denuncian para evitar un escándalo y no dificultar las posibilidades matrimoniales de otras féminas de la familia.
El suicidio para evitar la ruina
Los casos de mujeres que se suicidan a causa del acoso que sufren por parte de las familias políticas para que paguen más y evitar arruinar a sus padres no siempre aparecen en las estadísticas de crímenes por dote. El suicido es la principal causa de muerte entre las féminas indias, con la mayoría de los casos ubicados entre los 15 y los 29 años, según el informe Global Burden of Diseases, Injuries, and Risk Factors 2010. Y el matrimonio (concertado por lo general) representa la principal causa de suicidio entre las mujeres. Unas 78.000 se quitaron la vida en la India en 2010. Se desconocen cuántas lo hicieron por la dote, pero los expertos creen que supone un número importante.
Según los datos oficiales, un 94% del total de las muertes por esta causa se denunció en 2012, pero la tasa de condena es sólo del 32%. En los casos por crueldad, únicamente el 15% de los hombres son condenados. Matar o torturar a una mujer en el país de Gandhi apenas se castiga.
La dote se prohibió en India en 1961 . El reclamo o pago de la misma está castigado con hasta seis meses de prisión y multas de 5.000 rupias (59 euros). Pero en una nación en la que conviven varios siglos de la historia, la tradición es, en ocasiones, más poderosa que las leyes. Esta práctica se da en todos los estratos de la sociedad, niveles educativos y castas.
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Dalits: miseria desde el cordón umbilical
Aproximadamente, uno de cada seis habitantes de la India es dalit. La mayoría de “intocables” viven en pobreza extrema, con menos de un dólar al día, y sufren no sólo desigualdad económica, sino discriminación social. Su status en la vida, y sobre todo sus derechos, están predeterminados desde el nacimiento debido al sistema de castas, una antigua forma de opresión y segregación que aún pervive.
Los estudiantes dalit, además de lidiar con la pobreza extrema, hacen frente al estigma social: independientemente de sus esfuerzos en clase o en el trabajo, nunca conseguirán la igualdad de oportunidades por el simple hecho de haber nacido dalits. Se les considera impuros. En casi un 40% de los colegios gubernamentales, los niños dalit deben comer separados del resto de alumnos; y en el 20% no se les permite beber agua de la misma fuente.
Más de la mitad de la población infantil dalit, un 54%, presenta signos de desnutrición. El 21% tiene deficiencia de peso severa y el 12% muere antes de cumplir los cinco años. 83 de cada 1000 niños dalits son susceptibles de morir antes de cumplir el primer año de vida.
La comunidad dalit tiene acceso limitado a la salud pública. La salud de calidad es para ellos inasequible y prohibitiva, por lo que sólo recurren al médico en casos extremos o de urgencia a pesar de que más del 30% de los empleados de la salud pública se niega a hacer visitas en hogares dalit. La situación se agrava debido a que un tercio de estos hogares no disponen de facilidades básicas o saneamiento, por lo que los pequeños están más expuestos a las enfermedades.
Las niñas y mujeres dalit sufren lo que en India se conoce como “triple discriminación”: de casta, de clase y de género. Hay una media de mil violaciones de mujeres dalit al año y muchas niñas aún son explotadas sexualmente como devadasi o “sirvientas de Dios”. Esta antigua práctica religiosa que impone la prohibición de casarse y la obligación de servir en un templo, recluta a miles de niñas cada año en lo que actualmente es un sistema ilegal pero organizado de prostitución. El 93% de las devadasi son dalit.
Los niños dalit son los que más sufren en India las consecuencias de un sistema social y educativo poco efectivo e injusto. Crecen sabiendo que tendrán que superar más obstáculos que el resto de la población: cada hora, tres dalits son víctimas de delitos; cada día, tres mujeres dalit son violadas, dos dalit son asesinados, dos casas dalit son incendiadas y un mínimo de trece dalits son golpeados; cada semana, seis dalit son secuestrados.
Los “intocables” o dalit, oficialmente SC (“scheduled caste”), sufren una grave discriminación en el acceso a la educación, a la sanidad y al mundo laboral que les marca desde pequeños e impide que superen la exclusión social.
 

lunes, 9 de junio de 2014

La violencia contra la mujer en la India se ceba contra las clases bajas

Miembros de organizaciones juveniles y estudiantiles en una manifestación la semana pasada en protesta por una violación


Una nueva ola de indignación contra las violaciones vuelve a sacudir a India.

La violencia contra la mujer en la India tiene un indudable carácter de clase pues la inmensa mayoría de las victimas son mujeres y niñas pertenecientes a las castas más bajas de la sociedad hindú, es decir se ceba sobre las niñas y mujeres pobres pertenecientes a las clases bajas.

Hace apenas unos días eran violadas y asesinadas dos adolescentes de 12 y 13 años, pertenecientes a la casta más baja, en una aldea del estado norteño de Uttar Pradesh, el más poblado del país.

Las dos chicas fueron agredidas por siete hombres y ahorcadas en un árbol de mango a las afueras de su pueblo. La imágenes de sus cuerpos sin vida y colgados de las ramas han dado la vuelta al país y han conmocionado a la sociedad india que, después de la violación en grupo y asesinato de una joven estudiante en Nueva Delhi en 2012, ha convertido estas agresiones en uno de los grandes debates sociales.

Esta violencia criminal contra las mujeres pobres cuenta con la complicidad y pasividad del Estado hindú. Así dos altos cargos del partido derechista hindú que gobierna actualmente —el mismo del recién elegido primer ministro Narendra Modi—, han restado importancia a estos crímenes. “Estos incidentes no se producen de manera deliberada. Ocurren por accidente”, declaró el ministro del Interior del estado de Chhattisgarh, Ramsevak Pakira.

Las violaciones “algunas veces están bien, algunas veces están mal”, declaró el viernes el ministro de Interior del estado vecino, Madhya Pradesh, Babulal Gaur; también miembro del BJP. Gaur aseguró que las violaciones solo pueden considerarse como un delito si se denuncian. Si no es así, dijo, es un asunto entre hombres y mujeres.

El Partido Bharatiya Janata (BJP) reacciona así ante la violencia y los crímenes que afectan a las mujeres de las castas bajas, con lo cual deja claro su complicidad y responsabilidad en estos hechos.
 
Hoy en la India se desarrolla una poderosa Guerra Popular protagonizada por las clases populares y dirigida por un auténtico Partido Comunista, el PCI (Maoísta), que tiene entre sus principales objetivos la liberación de la mujer como parte de la liberación de todas las clases populares. Dicha Guerra Popular es la mayor esperanza para las mujeres pobres de la India y el Mundo, y es un deber que las mujeres y oprimidos de todo el mundo la apoyen.